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Lugar: América del Sur  EcuadorAño del viaje: 2024

Durante ocho meses de viaje por Centroamérica y Sudamérica –desde México, pasando por Guatemala, Panamá y Colombia, hasta Ecuador– no nos pasó nada realmente grave. Eso cambió en la noche del 10 al 11 de junio de 2024, en el autobús nocturno de Baños a Cuenca. Los ladrones sacaron de mi mochila de mano casi toda la electrónica: un portátil, dos cámaras GoPro, un disco duro externo, la mayoría de los accesorios de la cámara, una linterna y los cargadores. Calculé las pérdidas en unos 1600 € (en la primera estimación rápida me salieron unos 1700 dólares).

Me ha costado mucho ponerme con este artículo: siempre había algo más importante y, en realidad, creo que no quería volver a ello. Pero prometí varias veces que contaría toda la historia. Así que aquí está el robo en el autobús paso a paso: cómo actuaron los ladrones, qué hicimos después, qué no se pudo recuperar (también fotos y vídeos) y qué haría hoy de otra manera. No fue un atraco –nadie salió herido–, pero aquella noche me acortó el viaje más o menos un mes.

Índice

  1. El último día en Baños
  2. El autobús nocturno a Cuenca: el robo paso a paso
  3. El método del «falso conductor»: cómo actuaron los ladrones
  4. Policía, Fiscalía y cámaras que nadie va a revisar
  5. Qué nos robaron y por qué faltan algunas fotos
  6. El seguro y la vuelta a Polonia
  7. Información práctica: cómo proteger tu equipo en el autobús

El último día en Baños

Empezamos Ecuador por Quito, luego pasamos diez días en las Galápagos e hicimos tres días de trekking por el Quilotoa Loop. En principio, desde Quilotoa íbamos a ir directamente a Cuenca, pero nos recomendaron también Baños de Agua Santa, un pueblo de deportes extremos que en Ecuador se considera visita obligada. Solo pasamos allí una noche y el 10 de junio visitamos los dos lugares más conocidos de la zona: los columpios de La Casa del Árbol y la cascada del Pailón del Diablo. Baños lo cuento en un artículo aparte: Baños: la cascada del Pailón del Diablo, los columpios de la Casa del Árbol y Cuenca.

Ese día ya no fue bueno. Bajo la cascada del Pailón del Diablo se mojó y dejó de funcionar el móvil principal de Patrycja; hasta el final del viaje tuvo que usar el de repuesto, porque allí no había piezas para repararlo. En ese momento parecía la mayor mala suerte de todo el viaje.

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El autobús nocturno a Cuenca: el robo paso a paso

Compramos el billete por la mañana en la terminal de Baños, en la ventanilla de la Cooperativa de Transportes Amazonas: asientos 17 y 18 del autobús n.º 11, salida a las 23:30, 23 dólares por los dos asientos. El servicio nocturno en esa ruta solo lo hacía esta compañía, así que no había donde elegir.

Justo antes de salir subió al autobús un hombre con camisa blanca, como las que llevan aquí los conductores. Pidió a los pasajeros que se abrocharan el cinturón y que pusieran las mochilas arriba o debajo del asiento «por motivos de seguridad y según las normas de la empresa». El supuesto conductor cogió mi mochila de mano y primero intentó meterla en el portaequipajes encima de nosotros y, como no cabía, la metió debajo del asiento. Cuando se fue, adelanté la mochila y la dejé a mis pies.

La carretera iba por la montaña, curva tras curva. La mochila se deslizaba todo el rato y yo, medio dormido, la recolocaba una y otra vez; en todo momento sentía que estaba ahí. En un momento la apreté con más fuerza y resultó que estaba casi vacía. Una sensación horrible. La mochila estaba cerrada y no habíamos oído nada: los ladrones debieron de «bucear» bajo el asiento en silencio y con mucha habilidad. El móvil mojado de Patrycja de repente dejó de tener la más mínima importancia.

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El método del «falso conductor»: cómo actuaron los ladrones

Al principio nos sentimos unos ingenuos, porque siempre habíamos vigilado la mochila todo lo posible. Pero tras analizarlo todo llegamos a la conclusión de que no nos había robado una persona cualquiera. La tripulación del autobús confirmó que el hombre de la camisa blanca no era empleado de la empresa. Justo después de que se bajara, un hombre se sentó detrás de nosotros y poco después otro, en el asiento de al lado. ¿Casualidad? Más bien una acción organizada, y así lo vieron también los demás pasajeros.

Todo apunta a este esquema: una persona busca la ocasión, sube al autobús haciéndose pasar por el «conductor», comprueba dónde está el equipaje que puede tener valor y luego se baja y avisa a sus cómplices de en qué asientos deben sentarse. Si hubiéramos dejado la mochila arriba, probablemente se la habrían llevado entera. Con la mochila a mis pies tuvieron que ingeniárselas bastante, pero aun así consiguieron sacar a escondidas lo más valioso.

Nuestras costumbres europeas nos hicieron bajar la guardia. En Europa, que te pidan abrocharte el cinturón o guardar el equipaje no despierta ninguna sospecha, pero en Sudamérica a nadie le importan esas cosas, y precisamente eso debería habernos alarmado. Lástima que nos diéramos cuenta solo después.

Más tarde buscamos en internet y resultó que hay muchas más historias parecidas. Una de ellas es la de una pareja que iba de día en autobús de Latacunga a Sigchos, en el Quilotoa Loop (nosotros habíamos hecho esa ruta antes, en sentido contrario, al volver del Quilotoa Loop). El hombre llevaba la mochila entre las piernas, siempre a la vista, no durmió y detrás de ellos solo iba sentado el ayudante del conductor. Al empezar el sendero descubrieron que había desaparecido una cámara cara con sus accesorios. Llamaron enseguida a la policía e incluso alcanzaron el autobús, pero la cámara ya no estaba.

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Policía, Fiscalía y cámaras que nadie va a revisar

Cuando nos dimos cuenta de lo que había pasado, los hombres que iban detrás ya no estaban: se habían bajado como mucho un cuarto de hora antes, ni siquiera sabemos dónde. Era de noche y estábamos en algún lugar en medio del país, así que la única opción sensata era seguir hasta el final, hasta Cuenca. Los demás pasajeros consideraron que teníamos derecho a la ayuda de la policía y la llamaron ellos mismos, todavía en ruta, poco después de que descubriéramos el robo. Discutieron mucho rato con los policías diciendo que en su propio país no podían sentirse seguros en los autobuses, autobuses que, por cierto, tienen cámaras.

Lo de las cámaras tiene su gracia: las grabaciones no las tiene ni la empresa de autobuses ni la policía, sino la Agencia Nacional de Tránsito. Pero no se puede contactar con ella directamente: hay que poner una denuncia en la Fiscalía, algo así como denunciar en la policía en Polonia. La policía dijo que no podía hacer nada y los conductores, que la culpa era nuestra. Nadie quería implicarse demasiado en la búsqueda.

Al final pusimos la denuncia, pero enseguida nos dijeron que estos casos se alargan mucho y que las posibilidades de que acaben bien son escasas. Si aparecía algo, me avisarían por correo electrónico, aunque tendría que recoger las cosas en persona en Ecuador. Así que los ladrones están grabados y aun así quedan impunes. Ocho meses después de la denuncia seguía sin haber noticias, así que se puede dar por seguro que no se averiguó nada concreto. Cuenca es una ciudad preciosa del sur del país, con la mayoría de sus atractivos en el centro histórico; paseamos un poco por ella, pero al final no llegamos a ir al Parque Nacional Cajas.

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Qué nos robaron y por qué faltan algunas fotos

La mochila de la que nos robaron era pequeña, de mano; en ella llevaba la mayor parte de la electrónica. Desaparecieron:

  • una cámara GoPro con su tarjeta de memoria y una segunda GoPro, estropeada (iba a cambiarla por una nueva pagando un pequeño suplemento),
  • un portátil, un disco duro externo y un pendrive,
  • accesorios de la cámara: micrófono, objetivo, palos, carcasas protectoras, una luz,
  • una linterna de mano profesional con base de carga, dos baterías externas pequeñas, cargadores, un adaptador multi-USB y un lector de tarjetas de memoria,
  • tarjetas bancarias (una polaca y dos alemanas), dos carnés de conducir, algunos billetes de recuerdo y pequeñas cosas que ya no recuerdo.

Por suerte nos quedaron los pasaportes y los móviles. Pero lo que más dolió no fue la electrónica en sí, sino el material del viaje. La mayoría de las fotos y los vídeos los subíamos con regularidad a la nube de GoPro y además al disco duro, así que, en teoría, tenían doble copia de seguridad. Por desgracia, la aplicación del móvil no mostraba errores cuando algunos archivos no se subían. Como descubrimos después, los mensajes de error solo se ven en la versión del navegador, que es menos cómoda y lleva más tiempo. Por eso perdí alrededor del 10 % del material de todo el viaje, y por eso en algunos artículos de este viaje faltan fotos o grabaciones de ciertos lugares. (La foto de las mochilas de arriba es solo ilustrativa: la hicimos todavía en México.)

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El seguro y la vuelta a Polonia

Con el seguro tampoco salió bien. Antes del viaje no habíamos pensado para nada en un seguro contra robo, y no fue del todo una decisión consciente. Según el contrato con una aseguradora, deberíamos haber recibido como máximo 200 euros de indemnización, pero no recibimos ni el dinero ni siquiera una respuesta. Con la segunda no habíamos contratado la opción de robo, y es una pena, porque cubría hasta unos 470 €. Le di muchas vueltas a la idea de abrir una recaudación en internet para cubrir las pérdidas, pero al final decidí que no tenía sentido.

Ya antes habíamos decidido acortar el viaje y renunciar a parte de los planes. Después del robo no tenía fuerzas para seguir y decidimos que yo volvería todavía antes. Patrycja siguió por Perú según lo previsto y volvió a finales de julio. Nos despedimos el 17 de junio en Lima, desde donde Patrycja siguió hacia Arequipa. El 19 de junio volé de Lima a Berlín vía Madrid y el 21 de junio ya estaba en Polonia. Cambiar la fecha del vuelo costó la mitad del precio del billete original.

No fue una decisión fácil y no había una solución perfecta. Me perdí Perú, que era lo que más me importaba, y Bolivia, donde iba a mejorar con creces mi récord de altitud en la montaña. Visto con perspectiva, lamento que aquella noche acortara el final del viaje, pero ya entonces decidí que unos años después volvería a Perú y recuperaría Bolivia.

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Información práctica: cómo proteger tu equipo en el autobús

América Latina no se considera una región segura, pero siguiendo unas reglas sencillas se pueden evitar la mayoría de las situaciones desagradables. En ocho meses, aparte de este robo, solo tuvimos una mala experiencia: intentos de engañar a los turistas en Nicaragua. Aun así, los robos en autobuses ocurren en toda la región; como dicen allí, «no dar papaya», es decir, no ponérselo fácil al ladrón. Esto es lo que aprendimos de aquella noche:

  • La mochila con objetos de valor, sobre las rodillas. Ni debajo del asiento ni en el portaequipajes. Tampoco a los pies si el autobús no tiene reposapiés que impida que las cosas se deslicen. Fue el autobús nocturno menos profesional de todo el viaje: sin cortinas, con los asientos más incómodos y, precisamente, sin reposapiés. Para colmo, probablemente fue el único autobús nocturno en el que podían robarnos así.
  • No hagas caso a cualquier «empleado». Quien te pide que te abroches el cinturón y que pongas el equipaje debajo del asiento o en el portaequipajes puede no ser del personal. En Sudamérica, tanto celo por las normas debería más bien ponerte en alerta.
  • Fíjate en quién se sienta detrás y a tu lado, sobre todo si alguien ocupa esos asientos justo después de que el «conductor» haya mirado tu equipaje.
  • El equipaje de arriba, siempre a la vista. Lo más valioso es mejor llevarlo encima: también desaparecen cosas de la bodega (en Costa Rica así perdimos una tienda de campaña sujeta al lateral de una mochila).
  • En rutas largas, elige autobuses profesionales o shuttles turísticos, si puedes elegir.
  • Comprueba que la copia de seguridad se ha hecho de verdad. Parte de mis grabaciones se perdió porque no todos los archivos se subieron desde la aplicación de GoPro a la nube. Uses la aplicación que uses, comprueba de vez en cuando –mejor en la versión del navegador– que todas las fotos y vídeos han llegado realmente a la copia.
  • Un seguro con cobertura de robo. En un viaje de varios meses con portátil y cámaras, es un gasto que hoy no me saltaría.

Escribí más sobre la seguridad en esta parte del mundo en el resumen de Guatemala; allí, por cierto, no nos pasó nada malo.

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